Por qué soy así, versión extendida.

Hace ya bastante tiempo, hubo un punto en mi vida (y algunos sabrán de qué hablo), en que perdí el derecho a decir "no me gusto".

Ese momento llegó después de hacer pública una verdad que no había confrontado durante años y que, al final, en lugar de liberarme, me llevó a uno de los fondos más abrumadores en los que he estado.

Aquello trajo tanto caos, pero a la vez tantísima luz, que se convirtió en mi punto de inflexión.

Uno largo.

Desde entonces nada ha sido igual.
Cambió mi vida al completo: mis ideas, mi cuerpo. Cambió mi relación con la gente, cambió la gente, cambió mi "imagen pública" y cambió mi carácter.

Cambié. Todo cambió.
Lo siento mucho.
Pero qué le voy a hacer, coño.

Incluso llegó la extroversión que pocos comprendieron; Y el miedo a hacerla mía.
Y entonces, la auto represión.

Fue el único anclaje que no se soltó y me mantuvo amarrada por años a todo lo que ya no era.

Me comencé a sentir invalidada continuamente. Por mí y por muchos.

Asumí, por las palabras y las acciones de los demás, que no merecía conseguir las cosas por las que hoy me levanto cada día.

Hubo personas que en esos años fueron incansables en su empeño por verme feliz y que aún lo son a día de hoy.
Lo tengo que dejar claroclarísimo.

Pero, no fueron la mayoría.

Para que más o menos se entienda tenéis que saber que
cuando tenía veinte años me permití una mala racha y que me comporté como una subnormal; nada permanente.

Cuando tenía veinte años superé una enfermedad que fue larga y corrosiva.

Cuando tenía veinte años recuperé la salud y no supe ser libre, así que decidí que ahí terminaba el juego: Me exilié de mí misma, pero aún no lo sabía.

Todo empezó cuando Yo fui Yo, después de mucho tiempo y de mucho esfuerzo por serlo.

Yo fui Yo después de esa mala racha, de la enfermedad y sobre todo, después de la absoluta decisión de serlo.
Yo me sentía yo. Yo no estaba enferma. Yo podía engordar y podía decir que me sentía imperfecta. Podía quererme en cualquier momento. Podía cambiar de rumbo. Podía estar triste y no pasaba nada. Podía equivocarme. Podía respetarme, pero no hacer que me respetaran.
Yo estaba preparada para asumirme con todos los fallos.
Y quería reparar errores.

Pero muchos veían otra cosa, a otra persona, otra realidad.

Me había equivocado una vez en veinte años. Y la visión global de mí misma, a mi alrededor, se resumió en ese error por demasiado tiempo.

Sentía que, aunque todo ya había pasado, si hacía un movimiento diferente, solo veían a una loca, a una puta o a una enferma.

Ya pocos me veían a mí.

Y yo, era yo.
Lo era más que nunca.

Muchos me percibían en pasado y no lo afronté.
Supongo que fue entonces cuando me escondí y me esforcé por recuperar mi vida de siempre, la de antes de perder lo que pensé que había perdido.

La de antes de demostrar que podía con todo: Con la pérdida e incluso con las consideraciones de los demás.

Curiosamente después descubrí que no había perdido nada en absoluto (nada valioso, quiero decir).

El tiempo, qué sabio es.

Recuerdo que nunca en mi vida medí tanto las palabras y las acciones como en aquellos años en los que teóricamente ya podía ser feliz, pero callada. Cuidadosa. Explicativa. Frustrada.

Nunca me esforcé tanto por aparentar que seguía siendo algo que no era, para evitar comentarios, comparaciones y reproches.

"Mantén la calma", me decía.

Y por mantener la calma , por no repetir errores, por no dar de qué hablar, por no volver a escuchar que era una loca, una puta o una enferma, no di dos hostias bien dadas, ni dije algunas verdades merecidas a alguno que otro. Ni a mí misma.
Ni salí corriendo, ni me quejé de haber engordado, ni grité, ni entoné más alto, ni siquiera me enfadé cuando tuve que hacerlo.

Ya no tenía juego.

Y sí, la verdad es que todo me salió como el culo.

Hasta hace poco, poquísimo, no he sido capaz de contar que tuve problemas en el pasado. Y que cambié.
No lo grito a los cuatro vientos. Pero lo acepto. Lo asumo. Lo dejo ser, porque fué.

Nunca he querido que la gente que no me conoció entonces, supiera eso de mí.
Quería contarle a cualquiera que me sentía gorda (como cualquiera), que me estaba saliendo una michelín o que debía empezar una dieta y volver al deporte sin la coacción del "no empieces otra vez con la locura".

Me gusta que la gente piense que soy lo que soy. Sin nada detrás. Sin ideas fijas. Sin historias inventadas ni verdades a medias.
Sin un error al que acudir irremediablemente.

Por eso estar lejos, me sienta bien.

Y por eso no me preocupa estar sola, hasta que esté segura de que nadie puede restringirme.

Echaba de menos agobiarme por el peso como cualquier chica de mi edad.
Y no dejar de ser eso; una chica de mi edad.

Quería hablar de alimentos raros y de productos aptos sin que todos asumieran automáticamente que tengo un problema.

Quería ser cualquier persona, en cualquier momento. Sin la consideración de la enfermedad a la espalda.

A veces quería llorar si me daba la gana, con libertad, sin que cundiera el pánico.

Por todo o por nada.

Y supongo que la necesidad de ser yo y de ser libre, hizo que en un punto me alejara de todos los que vivieron aquello conmigo.

Ahora sé que era mi propia idea del yo lo que andaba mal y no lo que pensaran los demás. Quizá por comprenderlo al fin, ya no me frustra que me perciban de la forma que quieran.

Es que me da igual.

Quizá por eso ahora puedo mostrar todo sin miedo.
Quizá por eso escribo esto, y que lo lea quien quiera.

Quizá por eso ahora soy tan libre que no me importa el "repelús" que tiene la gente a verme distinta, cambiada o extinta.

No le tengo miedo al "que me quiera quien quiera".

Quizá por eso ahora tolero a todo el mundo a mi alrededor, no me reprimo. No me reprimen.

Aunque soy infinitamente yo con cuatro personas contadas.

Y ahora es cuando os digo que no me siento gorda, pero que a veces me paso de peso y que no pasa nada. Y que me miro en el reflejo de cualquier superficie como todas las chicas, que me frustra que me esté cambiando el cuerpo por la edad y que hago deporte si quiero, por físico y por salud.
Que me intereso en dietas porque me gusta y que no me siento perfecta en absoluto. Pero que me adoro así de insoportable.

Tengo complejos y es probable que los tenga siempre.

Y a veces le digo a la gente que estoy enfadada si lo estoy, pero no les grito porque no me gusta. Ni quiero darles de hostias.

Ahora procuro no invalidar a nadie porque soy consciente de lo que esa actitud puede hacerle a una persona.
Por supuesto no me torturo, ni me obligo a nada, ni nada de eso.

Y la verdad es que lloro cuando me sale del chocho, delante de quien sea, también os lo digo.

Además, si me siento guapa ese día, pues enseño lo que quiero y si no, pues me tapo.

Y que si quiero pues canto y si me sale del alma, hablo y hablo.
Y que a veces me río como una psicótica.

Quiero deciros, a los que me queréis mucho, que siempre entenderé vuestro miedo
y a los que me queréis menos, que comprendo vuestras consideraciones,
pero que el pasado es pasado.
Y que allí ya no estoy yo.

Así que espero que vosotros tampoco.

Algunos os merecéis el cielo y os adoro, eso también quiero que lo sepáis.
Pero ya lo sabéis, de alguna manera.

A otros os adoro menos.

Y a otros, menos que menos.

Pero gracias a todos, porque al final esta es una historia de multitudes.

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