Enero

Quiero hablarte de él, porque de alguna manera sé que debo hacerlo.

Sois como el agua y el aceite.

No tiene tus ojos, ni tu pelo, ni tu sonrisa.
No le gusta leer, ni el cine, ni todas esas cosas que tú y yo siempre compartimos.

Es deportista y apasionado. Viajero, impaciente.
No cree en la osteopatía.

Conoce todas las canciones de mierda, aunque en su defensa diré que tiene una cultura musical brutal.

Baila bien.
Cocina.
Es atento. Ambicioso.

También quiso mucho a su ex, que cumple años el mismo día que tú.

En nueve meses ha conseguido todo de mí, menos mis lágrimas. Y es eso lo que le hace tan especial.

Estoy enamorada de él. Lo sé porque es la única persona, después de ti, a la que he conseguido decirle “te quiero” sin echar a correr.
Es el único con quien quiero todo, incluso las cosas que nunca pensé que querría con nadie.

Puedo hablarle con libertad y esa es nuestra mayor virtud.

Nuestro plan es recorrer el mundo como si huyéramos de algo, hacernos fuertes y apostar por nosotros. Nos reímos. No nos olvidamos. Estamos siempre ahí.

Me da mi sitio y yo le doy el suyo y en resumen la vida es mejor desde que estamos juntos.

Sé que te alegras por mí y te confieso que aún me resulta extraño dejar que él ocupe tu lugar, pero Reconozco que es una de las cosas más bonitas que me han pasado. Y mira que la lista no es pequeña.

Estoy tranquila y soy feliz.

Y te llevo conmigo.

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