Acojonante

Te pierdes en un fin del mundo inesperado, caótico, desordenado e incierto.
Te abrasas al sol que no nos toca, te quemas sin calor. Hierves porque ni el hielo más interno puede rozarte la sangre.
Me alejas de mí y de todo lo que me importa de verdad.
Eres la fuerza que me falta cuando me faltas, la respiración débil de mis días más tóxicos. Eres mi delirio, mi amuleto y mi falta de costumbre.

Eres la inspiración, el arte, los astros y el karma. La vida y la desesperación eterna por vivirla plenamente.
Eres mi desastre más bonito, mi maravilla. Mis malabares.
Eres tanto y tan poco, que apenas te reconozco en nada y en nadie. Eres mi muelle, mi anclaje. Mi deriva.

Y ahora, y solo ahora, que todo se acaba para todos y que hay una sombra imparable bajo nuestros pies, recuerdo que eras mi oxígeno y mi veneno más letal.

Que si sobreviví a una vida envenenada y podrida,
Sobrevivo a un enemigo calmado y pacífico.

Que prefiero mil veces una muerte así que una eternidad como la tuya.

Que la vida es más que tú, que yo y que esa habitación vacía por el resto de nuestros días.

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