Eres.

Eres la espina más profunda de mi corazón.

Eres los domingos sin luz,

mi anestesia en cada nueva herida.

Mi “si pude puedo.”

Eres el dolor más infinito que he sentido jamás. El océano. La matriz. 

Eres la inspiración de los días tristes.

La música que suena cuando no me quiero despertar. 

Eres todo lo que haría si me toca el gordo. Mirarte. Intentar comprender algo más en esta nueva unidad de tiempo. Aprenderte.

Eres mi fantasía menos erótica, el amor más tranquilo y la pasión dormida que dejan tus cien años de soledad.

Eres tú, con todas tus aburridas consecuencias.

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