Tres Segundos.
Hay solo tres segundos dentro de mí.
Uno de ellos es el momento en que lo supe. El instante preciso en que adiviné que ya nunca te moverías de aquí. Ese segundo, ese espacio en mi vida, esa brecha.
El siguiente, es el momento en que advertí que no volverías a ser el de siempre. El gesto torcido en tu risa, la oscuridad, el silencio.
El tercer segundo y al que definitivamente me agarro cada día para poder continuar, es el momento en que volvió la luz. De esa manera extraña e inexplicable. Ese golpe de fe, esa ventana. Ese cristal caliente.
No siempre puedo recordar el tercero porque los dos primeros segundos presionan con frecuencia y son, muchas veces, la oscuridad que todo lo cubre.
Yo me siento fuera de esa oscuridad, observadora, tranquila. Hace años que no perteezco a ella y que, simplemente, puedo tolerarla cerca y sentir su frío vagando, sin mí. Hasta que decide irse a casa, de vuelta contigo. Donde quiera que estés.
Mi segundo favorito es el primero. Cuando llega él solo, claro.
El primer segundo me lleva a un lugar que me gusta, a un olor que me calma, a una vida que ya no me pertenece, pero que fue el principio de todo lo que soy. Me lleva a ti, a tu mejor versión.
Y ese siempre será mi instante favorito del mundo.

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