Dame paz y dame guerra

Hoy he vuelto a bailar después de muchas semanas de no saber qué hacer, de no poder llorar, de no entender por qué me quedo tan sin mí.

Hay cosas en el camino que nadie llega a alcanzar.

Recuerdo que soñaba con un hogar, con un amor, con la seguridad y con la vida que he encontrado. Y ahora por momentos lo dejaría todo. Me iría lejos porque me recuerdo a veces más feliz allí, en aquel salto, en el momento exacto en el que todo cambió.

Me recuerdo extasiada y valiente, abrumada, llena de algo nuevo y grande, entusiasta y asustada. Me recuerdo viva y muerta, destruida, pero siendo una de esas ruinas bonitas. De las que puedes enamorarte, de las que te cuentan una historia brutal y apasionada. Catastrófica.

¿Y ahora?

Leo, viajo, trabajo, aprendo, tengo amistades sanas, un proyecto que con mucho esfuerzo va dando frutos, una casa en armonía, pago impuestos, conservo la salud y la figura, vivo cerca del mar, voy a terapia, he encontrado a la pareja más perfecta, me hago las uñas, cuido de mi familia, me drogo dos veces al año bañada en sudor, tomo café en sitios pijos, he comprado otro coche, tengo dolores de cabeza y me preocupa no llegar a todo, me parto de risa yo sola, enciendo velas por si alguien puede oirme, me desespero, me harto, me consuelo… y todo eso me da igual. Todo eso es el vacío.

¿Es esto lo que yo esperaba de mí? 

¿Dónde están la pasión, la melancolía, la tristeza insalvable, la esperanza, la alegría y la ilusión?.

¿Dónde está la vida?



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