El Camino

 Hasta ahora he vivido pretendiendo que la vida sea un torbellino, un río desbordado, una noria.

He querido volver y volver. Y volver. Obstinada. Silenciosa.

Y ahora sí, ahora ya, no habrá más de eso aquí.

La alternativa a todo lo que hay dentro de mí no existe, no hay un camino mejor. No hay más que los latigazos que pueda darme para salir a flote, nada más que algunas respiraciones pausadas, algún momento de esa tristeza tan mía y tan infinita. Tan oculta. Y nada más.

Voy a construir algo enorme para demostrar que puedo, voy a vivir mi vida así como es, perfecta y aburrida. Estándar, estereotípica. Abundante y abrumadora. Absolutamente normal. Y privada.

Y voy a acoger el amor de la forma que sea, con la intensidad y la pasión bajo cero. Con esta afinidad enorme, pero sin un gramo de emoción.

Y aquí me despido porque aquí termina todo, y supongo que empieza también. Aquí el cielo, cada vez más lleno. Cada vez más cerca y cada vez, más pesado.

Aquí guardado como un tesoro todo lo que nunca pudo ser. Mis noches en vela para bien y para mal, el límite de todas esas cosas que ya casi no recuerdo. La magnitud de lo simple, la calma, la esperanza que me hizo sobrevivir. La batalla, la oscuridad, el incendio. Me guardo aquí, tan pequeña y tan decidida a seguir, tan desmembrada.

Adiós, bonita. Algún día será nuestro día.


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