El amor de mi vida.

Te escribo en la penumbra, de mi casa y de mí misma. Siempre imaginé cómo sería la vida sin ti y nunca pensé que llegaría en paz a tu muerte. Creí que me haría pedazos, que el mundo sería gris y la tristeza infinita.

Me has criado, me has consentido, hemos sido un equipo siempre. SIEMPRE. Me has visto en lo más profundo, al borde de un suicidio que nunca he sido capaz de reconocer. Me has visto abierta, derrotada. Me has conocido también feliz, luchadora, agradecida.

Y nunca, jamás, me habías faltado. Hasta hoy.

De alguna manera yo te siento aquí, y es tan difícil explicar que no te he perdido. Te has ido, sí. En calma, tranquila, serena. Te has ido sabiendo que eres todo lo que importa, que mi vida y la tuya siempre serán la misma. Te has ido, sí. Pero no me has dejado.

No me siento sola y hasta irte lo has hecho bien.

Gracias, Kika, porque sin ti el mundo no sería como es. Gracias por ser mis huesos, por ser mi luz. Gracias por enseñarme a vivir cuando pensaba que no me quedaba aire. Eres el amor de mi vida. Y eres para siempre.

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